Veintiséis años y la cuenta aumenta
Mientras tus huesos y memoria las corroe el tiempo.
Con años de niño, tu olor pútrido subía desde mis talones,
Dejé el suelo con olor a muerte y comenzó el olvido.
En los aires de una década cayeron mis sueños,
Dejé de observar tus ojos en el fondo del lago,
Tu muerte arrancó pedazos de carne viva en la sien,
Tu recuerdo de niñez transformó mi cuerpo,
Me hice a ti, te hice conmigo, me hiciste tuyo.
Tu rostro, tu cuerpo, tus modos, tu olor,
Tus dolores, tus amores, tus hijos, tus vicios,
Todo es mío, todo lo asimilé del seno de mi madre,
Llevo tu nombre al lado del mío.
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