Sobre el viejo faro se anuncia tu partida,
Los barcos empujan y la sombra crece,
Sed de cien hombres ahogados.
Natural es convertir las piedras en arena
La arena en cristal
El cristal en lágrimas,
Y los deseos de una madre muerta, en silencio.
Recoges el camino y elevas templos,
Tocas los cielos desde el infierno,
Vives entre el purgatorio y los paraísos juglares.
Te impulsa una mano ininteligible,
Abrazas sobras y pantanos,
Mojas la ciudad con sangre
De dioses cobrizos y palabras huecas.
Gritas, lamentas. Te escuchan
Y te observan de espaldas,
Con fango en los ojos,
Amas y lloras a los lamentos.
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