El incesante olor de tus caderas
centella la noche de cobres
de sienes penetradas por ideas
por ningún sollozo reobres.
De la magia llama, la vida
y tus cuerpos sobre el esqueleto
mismo seno, mismo hiriente,
silente la lluvia, silbante la sombra
colma de efigies el camino
de bendiciones diáfanas
uno de los signos del nombre
dos secretos que colma al hombre.