Mi lejana letanía que repito a pasos ciegos
te llama entre las hiervas del silencio.
Escondida de los roces: las palabras,
vives en muerte tu infancia de milagros
en sepulcros de hojas al cielo.
Te manejas en rumores de ríos azules,
me encorvas con tus deseos límpidos
de batallas romanas en carruajes de óxido.
Quita de tu miel la sangre
que cae:
polvo negro de saliva de azufre.