Qué tan hondo tienes que clavar la daga para que muera. Revivió tantas Beses como la besé.
lunes, 29 de agosto de 2011
jueves, 25 de agosto de 2011
M.
Soy un monstruo, me transformo en cada paso,
Una voz me llama, me vuele…
Me toca.
Mis manos se hacen diez.
En mi cabeza; un ombligo,
Por manos, falos.
Mi palabra se convierte en ruido:
Los gritos, la gente, mi dolor.
Sigue la metamorfosis.
Sin forma, camino entre las personas, me observan.
Los veo con los ojos que de mis pechos oyen: tres
Se escurre entre la hierba de los olores,
La esperanza de detenerme,
Convertirme en piedra. Sigue.
Me llena, me perturba, provoca
Pervierte.
El cuerpo es una masa, un color.
Me perfuma tu muerte. Verborrea sin letra,
La línea negra perdió el punto.
Los ojos son agua: la sangre seca.
Los niños cantan. Sonrío.
Lloro a una madre olvidada.
Los niños giran, se revuelcan.
Lágrima sin mejilla. La bacanal, la música, la mía, La, Sol.
Ya ninguna tinta negra.
Ya ningún cuerpo completo.
Ya ninguna palabra escrita.
Ya los niños ríen.
Ya la mirada apaga.
Ya, el frío. Ya.
Con una M. en la frente recorro el camino,
Cada paso se convierte en otro,
Y con el paso, otro.
Y otro: el yo-muerto.
jueves, 18 de agosto de 2011
Divadlo
Con un disparo se termina,
Camino de mil senderos.
El campo se nutre de sangre negra.
Extiende sus miedos con el paso,
Sin lluvia, sin viento.
Dolor ciego que alimenta el espíritu,
Sembrado en el vientre de un niño.
Devora tus sentidos. Te conviertes en tu madre.
Das a luz a los pequeños.
Se apaga la luz del ojo muerto,
Resplandecen sobre los huesos en la sombra,
Sonido muerto, llanto muerto.
Amor.
No se levanten de sus asientos a observar el fin : No os levantéis de vuestros asientos a observar el fin
Contemplen la última nota,
Arrójense al silencio vacío de las palabras.
La obra está por comenzar.
viernes, 12 de agosto de 2011
Número Uno.
Los sueños y las sonrisas.
Los golpes y la humillación.
Ayer soñé: dos universos, el nuestro y el otro.
Un monstruo de hermoso rostro golpeaba como lo hacen los ángeles:
Desgarran tu cuerpo con sonrisa y una cálida espada.
Te atraviesa con un golpe y retumba en la estirpe de tu familia.
Ella se extiende sobre los vagos rumores de las lágrimas,
Se llena de sí misma al verte en el lodo,
Enaltece la sangre y las lágrimas de su hija.
Se desnuda y dispara un látigo de palabras.
Duerme. Descansa el cuerpo gastado. Llora.
No tiembles.
Abre los brazos y termina todo. Abre las piernas, ve el abismo frente a ti.
miércoles, 10 de agosto de 2011
Carpintero de Cabaret.
Llamaba de puerta en puerta, buscando su Todo perdido. En las madrugadas un campaneo estrepitoso lo azotaba contra la pared; ciego por la noche, destapaba un cuerpo dañado, lacerado en cada miembro, azorado y más aturdido que la mañana anterior, comenzaba su rutina: baño, desnudo, pan y un café. Solo, en un espacio que sería una vergüenza compartir con alguien más, iba y venía sin saber qué hacer, era su primer día en la fábrica de zapatos. Ya era tarde y él de pie, con la ropa de ayer en los pies de la cama. Ya no tengo nada, lo he perdido todo, pensó en voz baja. Sin meditarlo más, se colocó los andrajos de los que disponía y salió. Al azar señalaba una casa, alguna donde no lo conocieran. Al abrir la puerta repetía cordialmente: buen día, amable señora (señor, niño, anciano…), acaso ha visto en los últimos días a…que se comparta como…y que le encanta…por cierto, antes de olvidarlo y para refrescarle la mente, tiene el tamaño de…desde siempre gusta… Le agradezco, que Dios lo bendiga.
En la parada, se mezclaban géneros y olores; en el camión, sonrisas y arrebatos; en la entrada de la factoría, humo y malas caras.
Terminó el día sin novedad alguna, igual de cansado y con la pérdida en la razón. Sólo esperaba llegar a su hogar – el segundo para él. Bien ubicado en la esquina frente al parque de la zona, brillaba el B. de D. Aquel lugar era una pasarela de lo estrambótico, de la indecencia y la alegría baja: mujeres sin ropa fumaban en la puerta, recibiendo a sus hombres; paredes pintadas con sangre negra y N. cuidando la entrada. Adentro se escuchaba boongaloo con cantante cubana en vivo. Entró, se sentó y pidió un jerez, esperando meterse en el vaso de vidrio para prenderse fuego y agonizar con el fuego incipiente del alcohol destilando. Otro. Comenzó a bailar. Sin percatarse estaba en un rincón con dos hombres que se alistaban. Con voz perdida dijo: buena noche, honorables caballeros, me preguntaba sí han…•… …
sábado, 6 de agosto de 2011
Sobre la gran máquina se agrupan los hombres.
A su costado, las lanzas; soldados viejos mutilados.
En las manos guardan trazos de la última palabra.
Se alejan sobre el calor de la sangre . Roja que hierve.
Atrapan cuerpos para secarlos,
Los abrazan, cuan cálidos son.
Lo deshacen con un beso
Te devuelven a sus fauces.
En el piso se abalanzan, rastreros, sobre los huesos.
Estás sintiendo ya en tu muerte cómo se desprende la carne,
Dentelladas de miembros, ojos de sal.
El ojo noble observa, piel tierna.
Mente inmaculada
Cálido al tacto de la madre.
Da a luz a sus sueños.
Se desgarra a cada caricia
Caen Caen
Caen
Caen
Caen Caen
Caen
C a e n
Todos son niños esperados por demonios.
Antiguos sabios del hombre,
Hambrientos de sabor sutil.
Rosas, blancos, azules y rojos entrelazados en un puño, en un bocado.
Lienzos pintados sobre el piso: rojo y negro: vivo y muerto.
jueves, 4 de agosto de 2011
De E. a L.
Esta tarde, tu noche, es fría, con gritos y lamentos de hijos huérfanos y mutilados, gritos de madres infelices y padres desdichados, niños sin esperanza. La muerte se adivina desde afuera, antes de cruzar el alto arco de piedra que separa las ciudades. La perdición que se respira se debe a que hace unos días la reina del lugar se marchó, dejando atrás a su eterno compañero; un lacayo de nombre E. Él, jurando venganza y podredumbre, maldijo al pueblo:
- Odien a sus hijos, escupan a sus padres, olviden a sus abuelos, humillen al prójimo, aborrezcan y detesten a sus esposos, gritó E. desde la montaña que del centro de la ciudad se elevaba.
La necesidad de E. por tener de nuevo a L., el amor que sentía hacia ella, la lejanía carnal y el hastío de la soledad, llevó a N. a perderse en una negra nube de no-destino, en espesura de enfermos, en mierda de viejos. N. se llamaba la ciudad. En las mañanas negras con tonos rojos, despertaba implorando el regreso de ella, llorando a la tierra y al espacio compartido, empujando el puño al aire como símbolo de derrota y miseria, enseñando el pecho entre sus ropas roídas, preparándose para la muerte. Saltó fuerte, toda la planta del pie le ayudó, tomó impulso para llegar más lejos, para repartir más su cuerpo sobre la gente. Tomó el único recuerdo que tenía y sin soltarlo gritó en el aire, lo hizo con sonido muerto, con cansancio pero con gran ímpetu. Todos escucharon nítido su ruego, nadie lo veía, nadie lo vio.
martes, 2 de agosto de 2011
Con el ritmo del que sigue.
Tuntutuntun.
Calienta los dedos que disparan. Uno negro.
Resiste con el hombre de la imagen puesta sobre sí.
Negro día de vista suave,
El suelo, el cielo: abismo de color. Dos.
Inmaculada con el tizne de la mano,
La mujer danza junto con el fruto de su cuerpo.
Gira, vuela, flota, alza, encoge. Tres.
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