Sobre la gran máquina se agrupan los hombres.
A su costado, las lanzas; soldados viejos mutilados.
En las manos guardan trazos de la última palabra.
Se alejan sobre el calor de la sangre . Roja que hierve.
Atrapan cuerpos para secarlos,
Los abrazan, cuan cálidos son.
Lo deshacen con un beso
Te devuelven a sus fauces.
En el piso se abalanzan, rastreros, sobre los huesos.
Estás sintiendo ya en tu muerte cómo se desprende la carne,
Dentelladas de miembros, ojos de sal.
El ojo noble observa, piel tierna.
Mente inmaculada
Cálido al tacto de la madre.
Da a luz a sus sueños.
Se desgarra a cada caricia
Caen Caen
Caen
Caen
Caen Caen
Caen
C a e n
Todos son niños esperados por demonios.
Antiguos sabios del hombre,
Hambrientos de sabor sutil.
Rosas, blancos, azules y rojos entrelazados en un puño, en un bocado.
Lienzos pintados sobre el piso: rojo y negro: vivo y muerto.
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