jueves, 25 de agosto de 2011

M.

Soy un monstruo, me transformo en cada paso,
Una voz me llama, me vuele…
Me toca.
Mis manos se hacen diez.
En mi cabeza; un ombligo,
Por manos, falos.

Mi palabra se convierte en ruido:
Los gritos, la gente, mi dolor.

Sigue la metamorfosis.

Sin forma, camino entre las personas, me observan.
Los veo con los ojos que de mis pechos oyen: tres
Se escurre entre la hierba de los olores,
La esperanza de detenerme,
Convertirme en piedra. Sigue.
Me llena, me perturba, provoca
Pervierte.

El cuerpo es una masa, un color.
Me perfuma tu muerte. Verborrea sin letra,
La línea negra perdió el punto.
Los ojos son agua: la sangre seca.

Los niños cantan. Sonrío.
Lloro a una madre olvidada.
Los niños giran, se revuelcan.
Lágrima sin mejilla. La bacanal, la música, la mía, La, Sol.

Ya ninguna tinta negra.
Ya ningún cuerpo completo.
Ya ninguna palabra escrita.
Ya los niños ríen.
Ya la mirada apaga.
Ya, el frío. Ya.

Con una M. en la frente recorro el camino,
Cada paso se convierte en otro,
Y con el paso, otro.
Y otro: el yo-muerto.

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