Olvidar memorias de viejos pasos,
e imaginar inteligibles lazos.
Someter el pasado, una llama
encendida de la amena cama,
es morir con velas sobre las llagas
abiertas de las voces que callas,
entre silencios fingidos
y matices con mil sonidos.
Llama a mi puerta tres veces
como en agosto, ¡vaya meses!,
entretén al mendaz amante
con tu dulce amar, caminante.
Derrite mis sentidos de ternura,
en noches grises de lluvia
eterna vida de herraduras,
fin de las palabras tuyas.
Da pie con el seno izquierdo
al hombre que llevo dentro,
que sin más, abre tu espada
blandida en mi cabeza llana.
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