Yo lo hice, lo mate. Este adjetivo monosílabo que comienza con ye será el último que escriba. Con un movimiento sordo he acabado con él, ya no lo dejé siquiera asomarse, decir algo sobre de su ego.
Confieso que me costó trabajo, no es fácil deshacerte de alguien que te acompañó 54 años. Ahora me gustaría haber escuchado a mi hermano cuando me decía que mi manera de ver la vida no ayudaría. Ahí tenía 21 años, hubiera tenido un largo camino por andar sin estar cargando ningún peso extra.
Lo maté con mis manos, con el pensamiento, con mis miedos y con los suyos. Fue en el invierno del 96, tenía unos meses de haber entrado al Instituto; unos días antes acababa de terminar la guerra en el sureste del mundo - visto desde América, claro - las viejas potencias y las nuevas se mezclaban en una y yo me desprendía de aquello, y con éste, de todo "aquello" que parecía mío.
.
.
.
.
.
.
No hay comentarios:
Publicar un comentario