martes, 15 de noviembre de 2011

II


Desde las ventanas reconozco el olor del olvido,
Dentro de las páginas ocultas de tu cuerpo
Y los llantos negros de tu vientre.
Las manos acarician el fin de tus hombros
Suaves, como el encuentro del viento con la brisa;
La luz, destellos caídos sobre cascadas de palabras,
Advierto cada sonido del crujir de tus ideas.
Caminamos tantas veces el borde de la muerte...
              Aún recuerdo sus dedos sobre mi espalda.


Cada latir retumba tu imagen,
Tensa suena la cadena anquilosada;
Eslabones de personas
Atadas por hilos: negros, rojos.
Danzan las almas.
Acorto los espacios
Rasguño lamentos, las lágrimas y luces.
La tristeza revuela los libros,
Perturba sueños y lacera heridas.

Interpretación final de la palabra,
Acto impuro de belleza tibia,
Mensaje eterno de amor.
Tu sonrisa incrustada en el muro.

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