Que la casa truene, y la niña,
Niña caiga.
Siempre, en el borde de los campos,
Sin cultura, sin matices, con el daño.
Oh, que lleguen al fin las luces de los barcos empotrados.
Sin sueños, llenos de negro en silencio.
Los blancos en color y los espacios ataviados.
Siendo hermosos con el pensar del paso, el andar del día, al pasar el este.
Que retumbe la niña,
Llena de sal, sin vida en la sien.
Y que la sombra de los vellos se esconda.
Las palabras llaman,
Y las ideas.
Y la niña.
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